Me hace ruido : episodio 21 : Conectados, pero solos

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Título

Me hace ruido : episodio 21 : Conectados, pero solos

Descripción

En este episodio exploramos cómo el uso del celular afecta nuestras relaciones humanas, la atención y el bienestar emocional. Desde vínculos cada vez más superficiales hasta la pérdida de presencia en la vida cotidiana.
Nos preguntamos: ¿qué estamos dejando atrás cada vez que miramos una pantalla? A través de testimonios, datos y reflexiones, analizamos qué estamos dejando de lado mientras la tecnología está en nuestras vidas.

Transcripción:
Todo bien con la tecnología digital, pero siento que hay algo que nos estamos perdiendo. Me Hace Ruido Un podcast algo incómodo, pero necesario. Me Hace Ruido Hola, bienvenidos a Me Hace Ruido, el espacio donde exploramos cómo las tecnologías digitales transforman nuestra vida. Hoy vamos a hablar de un dispositivo que sin duda es una extensión de nosotros mismos, el celular. Desde que abrimos los ojos hasta que nos acostamos, el celular está ahí, acompañándonos en cada instante. Pero, ¿qué estamos perdiendo en esta relación tan cercana? ¿Cómo afecta realmente nuestra manera de comunicarnos y de relacionarnos y de vivir el momento? ¿Vemos perder algo que aún no sabemos que estamos perdiendo? El celular es aquello que está siempre en nuestras manos, que nos despierta, nos conecta, nos entretiene, nos distrae, pero también nos consume, nos aísla y nos desconecta de otra manera. El celular está en el centro de nuestras vidas, pero ¿a cambio de qué? En este episodio nos centraremos en dos ejes principales, ¿cómo afecta nuestras relaciones humanas y cómo impacta en nuestra presencia y bienestar emocional? ¿Somos más libres o más dependientes? ¿Estamos más conectados o más solos? En fin, hoy nos preguntamos, ¿qué estamos perdiendo con el uso del celular? El Observatorio de Tendencias Sociales, Educativas y Empresariales de la Universidad Siglo XXI presentó un informe sobre la felicidad, en la cual los especialistas en salud mental y bienestar social señalan que la felicidad de los argentinos no se basa en el estatus social o el éxito profesional, sino que se sostiene en gran parte de la fortaleza de sus relaciones sociales. Entonces, si el vínculo con los demás es lo que nos hace felices, ¿por qué los estamos poniendo en peligro cada vez que miramos una pantalla? El celular modifica la forma en la que nos conectamos, nos distrae, nos quita escucha, nos vuelve espectadores del momento, pero no protagonistas. Hoy en día las relaciones se han vuelto más efímeras, nos acostumbramos a lo inmediato, al contacto sin compromiso, pero ¿qué pasa con la profundidad, con la honestidad, con la reciprocidad? Esto llegó a tal punto que una reacción rápida con un emoji reemplazó a una respuesta más profunda y reflexiva. Un artículo titulado El único que habla hacia el mundo de Revista Anfibia publicada en 2020 cuenta que el celular se ha convertido en una extensión de nuestro cuerpo y mente, pero también es una barrera invisible entre nosotros y el otro. ¿Podemos hablar de intimidad si estamos más atentos a las notificaciones que a conectar con la mirada del otro? ¿Seguro te pasó o viste a una pareja que se va con el celular acostados y no hay charla, no hay miradas? Una escena muy repetida. Nos olvidamos de qué hacíamos antes del celular, quizás fuera a leer, quizás conversar, lo que implicaría mirarnos y establecer una conexión real, entonces podemos decir que las pantallas nos roban la vida. Lo que vamos a escuchar ahora es un fragmento que dijo el comediante Luciano Mellera en una entrevista con María Santillán para Infobike respecto al uso de los celulares en sus shows. Cada tanto te enojas, cada tanto me enojo, hay gente con esta necesidad de protagonismo como ganas de infringir la única norma que hay que es no usen el teléfono como en cualquier obra de teatro. Guardar el teléfono, silenciar las alarmas, silenciar el teléfono, no filmes, no saques fotos, es básico. No hables con el que tenés al lado. Claro, porque molestas. Hay gente que es el único show que por ahí me va a ver en vivo a mí, por ahí es la primera vez que van al teatro, mucho en la juventud sobre todo, y les estás arruinando la experiencia, molestándolo con el brillo de tu teléfono, con el volumen de tus comentarios, entonces eso es lo que a mí me enoja. Soy un malhumorado, sí, yo soy un malhumorado, obvio, me hago cargo. Y en abril te enojaste justo por los teléfonos, ¿no? Sí. Cuando vos sacabas la entrada, te aparecía un banner que tenías que aceptar que decía no se puede en menores de 13 años y no se puede usar el teléfono, ok. Salgo con toda la emoción y la presión de voy a filmar mi especial, y escucho que el aplauso era muy bajo, como digo, hay 1800 personas, y cuando se me acostumbran los ojos a la luz, veo que era porque el 80% tenían los teléfonos adelante de la cara, parecía una escena de Black Mirror. ¿Qué estamos haciendo si preferimos ver el presente desde una pantalla en vez de vivirlo? A continuación, para entender mejor cómo se vive esta desconexión en la vida cotidiana, decidimos hablar con alguien que la observa todos los días desde un rincón clave, una mesa o un bar en un restaurante. Oímos a Martín, él tiene 31 años y trabaja como mozo desde hace varios años y nos cuenta sus experiencias. Mi nombre es Martín Chanampa, trabajo de mozo en el local de la Enchil. Desde que nos vemos atrapados todo el tiempo con el celular, ¿sentís que cambió el comportamiento de las personas? La verdad que sí. Para algunos clientes, variando las edades, es más fácil, para algunos adultos le cuesta un poquito más adaptarse a las actualizaciones que tiene el celular y sus aplicaciones. A ver cómo te puedo decir, si charlan menos, no te voy a negar, charlan menos entre sí, pero al que mayormente se lo ve con el teléfono y buscando distraerse es al adulto. ¿No estás que usan mucho el dispositivo? A veces abuso sí, no te voy a negar, incluso puede suceder que a algunos padres puede pasar, ¿viste? No te voy a discutir, digamos que le dan una, lo utilizan como una herramienta para que el niño, un joven, se distraiga. Sí. Se enfoca tanto que deja de prestar atención en sí a qué es lo que hay alrededor. Un chico hoy en día también puede tener esa adaptación para el uso, el conocimiento de muchas cosas, ahora de que se le dé mal uso o un uso abusivo más que mal uso, un uso abusivo, bueno, ella es muy diferente. ¿Sentís que ellos te prestan la atención necesaria? A veces será la minoría de los casos prácticamente de que estás hablando, tratás de dar la información de los productos que se ofrecen para, bueno, para que puedan saber, digamos, qué es lo que hay o no en stock y, bueno, ahí sí, como que tenés que repetir, digamos, porque están pendientes al teléfono. Y te das cuenta cuándo es que se cuelgan con el teléfono y... Exactamente, la atención varía, la atención, digamos, que el mismo comensal te presta ya de diferente. ¿Qué crees que estamos perdiendo por estar tanto tiempo con el celu? De perder, muchas cosas que, bueno, a ver, generaciones anteriores, por ejemplo, yo soy una persona de 34 años, lo que quizás era jugar, digamos, con el cuento donde vivo, por ejemplo, donde vivo es el Carmen, vivo en un pasaje, el cual tenía ciertos arbolitos con naranjitas agrias y un árbol que tiene florcita amarilla que tiene un poco gotitos verdes con los cuales, digamos, a los 7 años, 8 años, con mis vecinos hacíamos batallas campales, por ejemplo, salir y jugar, digamos, buscar, ya sea al escondido, irnos a caminar al cerro, andar en bicicleta, pegarnos una escapada hasta la plaza y un poco más allá, de cosas que hoy en día prácticamente un niño lo ve y está sentado en el sillón de casa o mirando YouTube, por ejemplo, entre esas cosas uno pierde todo. Si es que vos estás con el celular, te perdes de muchas cosas, te perdes de muchas cosas en las cuales son muchos momentos en los cuales no vuelven y esa distinción, bueno, es capaz de ser lo único que estás necesitando antes de estar encapsulado con un celular, un televisor, una PC. ¿Cuándo fue la última vez que estuviste presente de verdad? Hoy, en cada tiempo libre agarramos el celu, incluso si no tenemos ningún mensaje o algo para ver, matamos el aburrimiento, pero también la pausa, la idea, el descanso. La mayoría de las aplicaciones del celular están diseñadas para ser adictivas, nos roban la atención, nos alteran los estados de ánimo, nos desconectan de lo real. Las redes sociales no solo nos conectan, también nos comparan, nos sobredisponen, nos presionan. Esa necesidad constante de aprobación, de likes, de reconocimiento activa en nuestro cerebro el sistema de recompensa. Cada vez que recibimos una validación se libera dopamina, la misma sustancia que se libera con las drogas o los juegos de azar. Pero si recibimos hates, rechazo o silencio, el cerebro responde con cortisol y glutamato, sustancias tóxicas que afectan nuestro estado de ánimo. Y si esto se sostiene a largo tiempo, los riesgos de ansiedad o depresión aumentan. La hiperconectividad puede generar una gran dependencia, produciendo síntomas de nomofobia, el miedo al perder o estar sin el celular. Otro síntoma es el FOMO, el miedo a perdernos de algo en las redes sociales, que según un estudio publicado por la plataforma educativa NeuroClass en 2023, el FOMO está directamente relacionado con el uso excesivo del celular y el deterioro del bienestar emocional. Pero más allá de lo que sentimos, ¿qué dice la psicología sobre el vínculo entre el celular, la mente y las emociones? Para entender qué hay detrás de esta necesidad constante de estar conectados, hablamos con la profesional Mariana Sarabia, psicopedagoga de salud mental que viene trabajando hace años con estos temas y nos aporta su experiencia. Hola, soy Mariana Sarabia, soy psicopedagoga y estoy especializada en educación en ciudadanía digital, neuroeducación y mediación y convivencia escolar. Me especializo en promover la protección de niños, niñas y adolescentes en el entorno digital. Hace más de cinco años que vengo trabajando desde distintas trincheras educativas, legislativas, comunicacionales, para que los chicos puedan navegar por internet con herramientas reales de protección, alfabetización digital, conciencia crítica. Creo firmemente que no se trata de prohibir la tecnología, sino de acompañar su uso con sentido común, límites y mucho diálogo. En este camino he visto cómo han ido cambiando las formas de aprender, de jugar, de relacionarse, también de sufrir. Lo que más veo que se está perdiendo es la profundidad en la comunicación, en el aprendizaje, la erosión de los vínculos afectivos. La célula nos da inmediates, pero también fragmenta nuestra atención. Perdemos el hábito de pensar largo y tendido, de sostener conversaciones sin interrupciones, de tolerar el silencio o el aburrimiento. También estamos perdiendo momentos únicos de vínculos, porque muchos comemos juntos, pero cada uno está en su pantalla o nos juntamos y eso poco a poco va erosionando la calidad de nuestras conexiones humanas. Yo pienso que la tecnología no es ni buena ni mala, es el uso que le estamos dando. La nomofobia es el miedo irracional o intenso a estar sin el teléfono celular. Es una respuesta emocional que refleja nuestra dependencia tecnológica. No sólo se trata de necesidad funcional, sino de ansiedad real ante la idea de desconectarnos del mundo digital. Es una manifestación de cómo el celular se ha convertido en una extensión de nosotros mismos. Atrapa en un círculo vicioso. Cuanto más conectados estamos, menos presencia tenemos en el presente. Esa conexión permanente genera una sensación de falsa seguridad, pero al mismo tiempo nos aleja de experiencias auténticas. Mirar a alguien a los ojos, escuchar sin interrupciones, aburrirnos, cosas que antes eran naturales y ahora parecen lujos. Estamos hiper conectados, pero muchas veces desconectados del humano. El FOMO significa miedo a perderse algo, es esa sensación constante de que algo interesante está pasando en otro lado, que yo no estoy ahí, me lo estoy perdiendo. Ese miedo nos roba el presente y nos mantiene en un estado de alerta permanente. Habla de presencia ausente, afecta directamente nuestra autoestima. Además la comunicación digital tiende a simplificarse, usamos emojis en lugar de palabras, memes en vez de frases completas. Si pierde la riqueza del lenguaje, del matiz emocional, de la empatía real, porque no tengo el cuerpo del otro, para ver si le está cayendo bien lo que le digo o si le pone triste o si le causa gracia. Y eso a la larga afecta la construcción de relaciones profundas y significativas. Y hay muchos estudios que están arrojando resultados que el uso del prolongado del celular afecta la tensión sostenida, la memoria de trabajo y la regulación emocional. Nuestro cerebro se entrena para saltar de contenido en contenido. Con respecto a la conducta, esto puede traducirse en ansiedad, irritabilidad, impaciencia y menor tolerancia a la frustración. No hay ningún estudio que diga fehacientemente que las redes sociales afectan la autoestima. Pero si hay una relación, la sobreexposición a redes sociales genera comparaciones constantes. Vemos siempre las mejores versiones de los demás y muchas veces las tomamos como realidad. Y esto puede afectar la autoestima, especialmente en la niñez y adolescencia, que están en una etapa clave de construcción de su identidad. Sumado de eso, la búsqueda de validación externa a través de likes, comentarios y seguidores condiciona muchas veces nuestro valor personal. A modo de reto, hacer una experiencia de desconexión consciente y crítica, donde recuperamos la presencia, el silencio, las miradas, la conexión con nuestros vínculos afectivos, la escucha activa, el aburrimiento que genera creatividad. Ganaríamos ese espacio para pensar, para sentir, para disfrutar de lo simple, pero sobre todo el reseteo digital promueve reiniciar y aprender a poner a la tecnología en su lugar para que sea una herramienta de uso y no nos use esta herramienta nosotros. Tal vez nos sorprendemos de cuánto existe fuera de las pantallas, por eso es muy importante hacerlo continuamente para volver a este bienestar digital y equilibrar los usos, elegir usar el celular con más conciencia, como una herramienta útil y no como un amo invisible. Hace poco también escuché una entrevista de una antropóloga y neurocientífica española, especializada en el comportamiento humano, diciendo que por el avance tecnológico estamos pagando un alto precio. Hemos confundido este avance de la tecnología con el avance de la superioridad cognitiva y moral humana, y no, los datos muestran que en realidad vamos cuesta abajo. La Asociación de Pediatría Española advirtió que los niños que ve en pantalla desde muy pequeños, tienen un año de retraso del lenguaje. En Argentina, una investigación realizada por UNICEF, publicada en Infobae en el 2023, indica que el 60% de los niños menores de tres años no alcanzan los resultados esperados del desarrollo del lenguaje. Los especialistas señalan como una de las posibles causas el uso sucesivo de las pantallas a edades tempranas. Y si el cerebro se desarrolla entre los 0 y los 21 años, ¿qué estamos haciendo cuando le damos el celular a un bebé para que se entretenga? La idea no es demonizar la tecnología, el celular es una herramienta, pero también es un espejo, nos muestra cuánto cuesta parar, mirar a nuestro alrededor, conectar. Si sentimos ansiedad al dejarlo, si preferimos el scroll a una conversación, si nos cuesta recordar cómo era la vida antes del wifi, entonces tal vez sea un momento de preguntarnos. ¿En qué momento el celular dejó de ser una herramienta y empezó a moldear quiénes somos? ¿Qué nos estamos perdiendo mientras no miramos? ¿De verdad estamos viviendo o sólo lo estamos documentando? Mi nombre es Sofía y junto a mi equipo de producción nos encontramos en la próxima. Gracias por estar. Esto fue Conectados Pero Solos realizados por Intentoproducciones junto a Sofía Ovejero en narración, a Ángeles Zapasa en dirección general, a Martín Tapia en investigación y Fabio Tarifa en edición. Cada episodio de esta serie de podcast fue producido por estudiantes del taller de tecnología y producción radiofónica 1, de la licenciatura en comunicación social y de la tecnicatura en comunicación digital convergente, ambas carreras de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy. Me hace ruido. Me hace ruido es una producción original y de construcción colectiva de la Universidad Pública Argentina. Escucha todos los episodios en esta plataforma. Me hace ruido.

Autor

Apaza, María de los Ángeles
Ovejero, Sofía Verónica
Tapia, Martín
Tarifa, Fabio Andrés

Fecha

Derechos

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https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/ar/

Formato

Idioma

spa

Tipo

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Identificador

https://investigacion.fhycs.unju.edu.ar/repositorio-tesis/items/show/414

Cobertura

ARG

Extensión

00:19:55

Podcast Episode Item Type Metadata

Episode

21

Season

1

Episode Type

full

Explicit

false

Bloquear

Not

Colección

Citación

Apaza, María de los Ángeles et al., “Me hace ruido : episodio 21 : Conectados, pero solos,” Repositorio - FHyCS - UNJu, consulta 12 de septiembre de 2026, https://investigacion.fhycs.unju.edu.ar/repositorio-tesis/items/show/414.

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